Sobre mí

Programador por Pasión, Ingeniero por Disciplina

Escritorio con monitor, teclado, ratón y altavoces, evocando una computadora de los primeros años de aprendizaje
Foto de P. L. en Unsplash

Empecé a programar a los 16 años en una Pentium 1, sin más recursos que revistas de algoritmos y libros fotocopiados. Ese mismo ingenio autodidacta —simular una terminal DOS a lápiz en un cuaderno a los 8 años, o resolver con Excel lo que aún no sabía programar— fue el motor de mi primer gran hito: una aplicación de escritorio para automatizar liquidaciones judiciales, mi verdadero bautismo de fuego en interfaces, bases de datos y despliegue de software.

De ahí expandí mi stack a tecnologías web y desarrollé sitios comerciales para colegios, institutos y empresas de maquinaria pesada en Perú. Alrededor de 2011 construí una herramienta de web scraping para extraer leads de Facebook a partir de puro análisis de patrones de texto, sin APIs ni IA de por medio. Esa trayectoria resolviendo problemas con recursos limitados se consolidó en la universidad, donde me gradué con honores, primer puesto en el orden de mérito de Ingeniería Informática.

Diploma de la UCSS que acredita el primer puesto en el orden de mérito de Ingeniería Informática

El Choque con la Realidad Profesional

Entrar al mundo corporativo fue un cambio de paradigma: de soluciones individuales al desarrollo colaborativo a gran escala, con estándares de calidad y seguridad que ya no eran opcionales. Esa base autodidacta demostró su valor cuando reconstruí una base de datos de producción completa desde cero, extrayendo patrones directamente de los logs del servidor después de que perdiéramos nuestras instancias de AWS por una mala gestión externa.

Una composición visual dramática pero profesional: líneas de texto plano de logs de servidor con marcas de tiempo difuminándose en una estructura de base de datos relacional sólida

Liderazgo, Escala y la Era de la Inteligencia Artificial

Esa base me llevó a roles de alta dirección: fui CTO en tres startups tecnológicas (dos peruanas, una española), liderando equipos multidisciplinarios en mercados competitivos. Mi etapa más reciente, en Buk, fue un ejercicio de liderazgo distinto: como Champion dentro de una organización transnacional, lideré más de diez misiones técnicas con equipos rotativos de 2 o 3 tripulantes —sin autoridad formal permanente ni jerarquía fija—, con la responsabilidad sostenida en influencia técnica más que en cargo. En paralelo, dediqué buena parte de ese tiempo a mentorías, tanto a los nuevos ingresos del equipo como a cualquier persona de Buk que lo necesitara.

Ilustración conceptual comparando dos estilos de liderazgo: una jerarquía vertical y permanente típica de un CTO en startups, y una estructura horizontal y rotativa por misión, como Champion en Buk

El mundo de la tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso, y mi forma de trabajar con él también: durante el último año he desarrollado dirigiendo agentes de IA de principio a fin —diseño la arquitectura, defino los contratos y las restricciones, y reviso críticamente cada resultado antes de integrarlo, como haría con un equipo a mi cargo—. La IA multiplica la velocidad de ejecución, pero no sustituye el criterio: saber qué pedir, detectar cuándo un resultado es incorrecto y sostener la coherencia del sistema sigue siendo trabajo del ingeniero. Este mismo sitio está construido así: su código es público y su panel de operaciones en vivo muestra el resultado funcionando en producción. Mi trayectoria —tres años en C#, dos en Laravel, cuatro consolidándome en Ruby on Rails— confirma que las herramientas cambian, pero los principios de buena ingeniería permanecen.

Una terminal de desarrollo moderna mostrando varios agentes de IA trabajando en paralelo sobre distintas tareas del mismo proyecto: refactor, tests y documentación

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